Nunca me dejo de importar aquel viejo deseo que nunca cumplió sus expectativas.
Así que decidí hacer el viaje a ver como estaban las cosas.
Todo fue bastante rápido, no pude notar desde esta altura si reía o lloraba,
si gozaba o debutaba, si corrompía o estornudaba,
si estaba estática, pero vi en todo momento quien la acompañaba.
Al verlo todo, hice el papel de “la poca importancia”
Y de furia como efecto del celo.
La razón opacó el sentimiento y con una voz molestósa de mucho eco, cuestionaba la conciencia:
“Que tan seguro puedes estar? Porque no te atreves a caer a tierra y preguntas lo que tienes en mente?”
“Es de noche allá abajo, te están mirando, son todos y todas observando el cometa a cruzar”. Entonces mientras pensaba en bajar, ya me distanciaba del lugar, la duda había arrebatado mi oportunidad. Nunca le pude preguntar el porque de su sonrisa, el porque de su llanto o el porqué nó de lo que siento. Solo me atrase por construir hipótesis erróneas, de fingir y de hacerme de prejuicios que deben ser tan veloces como un cometa, que solo pasen, que tengan nombres complejos, que no se recuerden, que sean de tu niñez, atrevámonos a caer a tierra, busquemos y dictemos una verdad.
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